Superando un divorcio

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Vivir en pareja es una acción natural. Desde la creación del hombre se relata en la Biblia que la orden indicada por Dios es que entre los individuos de la especie humana se unieran, se multiplicaran, poblaran y sometieran la tierra. También podemos verlo como una necesidad biológica y psíquica. Sin embargo, nos diferenciamos de los animales, quienes también experimentan un proceso similar, en que basamos esa convivencia dentro de unas normas sociales.

No somos simples seres que nos vamos apareando con otros de igual especie, si bien por un tiempo no se legalizan las convivencias, llega un momento en el cual se procura formalizar la relación, especialmente cuando se decide tener hijos, o sin preverlo la mujer queda embarazada y posteriormente se someten a una unión legal.

Existen los detractores de ese tipo de convenio formal y tan solo llevan a cabo una unión sin documentos ni firmas, no obstante, aún sin la ejecución de un matrimonio civil y eclesiástico, la ley prevé deberes y derechos de comprobarse dicha asociación por un tiempo sostenido. Y es que la convivencia por tiempo prolongado va dejando una serie de huellas imborrables en los involucrados.

Sería de suma irresponsabilidad dejar desprovistos de la noche a la mañana a quienes, de una u otra forma, han constituido una familia. Por lo tanto, tras una ruptura sobrevienen consecuencias, económicas, sentimentales y derivación de obligaciones, sobre todo, si existen hijos menores de edad.

Tipos de divorcios

Podríamos decir en rasgos generales que hay dos tipos, de mutuo consentimiento o el que se inicia por voluntad de una de las partes. Este último suele ser el más complejo y tortuoso, incluso para quien decide poner fin a la relación. El otro se supone que debe ser más sencillo y fácil de superar, pero no siempre es así, puesto que,a pesar de que se considere que lo mejor es poner distancia entre los cónyuges, no significa que se pueda borrar automáticamente de la mente y el corazón los sentimientos hacia el otro.

Es una etapa de muchos sentimientos encontrados,  toca reconfigurarse para enfrentar la vida de una maneradistinta. De nada vale negar esas sensaciones de tristeza, rabia, dolor, tampoco tiene caso caer en depresión o desatar una furia descontrolada. Hay que aprender a lidiar con lo que corresponda.

Afortunadamente, no tenemos que atravesar solos esa circunstancias, seguramente contamos con familiares y amigos que nos den mucho apoyo. Además está la ayuda profesional de los psicólogos, que están habituados a tratar ese tipo de casos y que ofrecen las herramientas adecuadas para que no queden secuelas que lamentar.  Estos especialistas pueden ser ubicados en cualquier localidad de España a través de la web www.guiadepsicologos.com.